Ante todo, porque God of War II es un juego, por encima de todo, divertido. Sony ha puesto un esmero considerable en hacer del desarrollo del juego algo atractivo a cada momento, variado y con una fluidez de acontecimientos que en ocasiones recuerda al mágico ICO para PS2. Esta es una de las grandes bazas de God of War II, puesto que un juego de estas características (en esencia acabar con todos los enemigos que nos rodean y solucionar algunos pequeños puzzles) corre el gran riesgo de caer en la reiteración y volverse monótono a más no poder. No es el caso, por suerte, y el juego nos proporciona siempre un desarrollo atractivo, ingenioso por encima de todo, y que divertirá incluso a los que renieguen de los juegos de acción pura y dura. Se entremezclan perfectamente las secciones más plataformeras (saltar, escalar paredes, agarrarnos a bordes) con los pequeños enigmas (sencillos pero atractivos), las batallas (muy numerosas), los combates con jefes finales (sólo el primero, una enorme estatua de piedra, ya resulta impresionante), las fases de vuelo a bordo de nuestro Pegaso (quizá el punto más flojo, aunque aporta frescura) y las inevitables secuencias de video que narrarán la magnífica historia. Todo ello casi sin tregua, por lo que no podemos dejar de querer jugar más y más a God of War II.
En segundo lugar, God of War II es grande por la historia, de ambiente cinematográfico, desarrollo dramático y contexto clásico (la antigua Grecia, sus dioses, etc.) que deja boquiabierto a lo largo de todo el juego. Encarnamos a Kratos, el Dios de la Guerra en la antigua Grecia, que sufre la traición de Zeus y pierde su lugar en el Monte Olimpo. Así pues, tendrá que luchar, con pocas ayudas, por recuperar su honor e intentar deshacerse de su propio destino infernal que le sigue a todas partes. Así el argumento será uno de los puntos clave para disfrutar el juego en todo su esplendor, y ahí es donde entra en escena el doblaje al castellano (no es espectacular, pero sólo con que esté doblado nos conformamos), una muestra más del esmero que Sony le imprime a todos sus títulos.
Pero Kratos no sería Kratos si no pudiéramos verle lucir palmito en medio de enormes polis griegas y tenebrosas cuevas y templos sagrados. En este caso PS2 se esfuerza al máximo, y los desarrolladores han llevado al límite las capacidades gráficas de las consolas en un juego que sigue sorprendiendo pese a la existencia de la nueva generación de consolas. Eso es mucho, y aún más teniendo en cuenta que God of War II está muy orientado a la acción y que, por tanto, los combates contra monstruos enormes y/o decenas de pequeños enemigos son más que frecuentes. Es en estos casos donde el juego se resiente más, con algunas bajadas de framerate que sin embargo no afectan para nada la jugabilidad. En el resto, tanto el modelado de personajes como las texturas son de lo mejor que puede ofrecer PS2; cierto es que se antojan ya algo anticuadas comparadas con la nueva generación, especialmente en las escenas de vídeo realizadas con el motor gráfico del juego, pero en el juego en tiempo real God of War II puede llegar a sorprender por los efectos de luz y combos ejecutados.
Lo único digno de mención por no acabar de estar completamente pulido es el tema de la cámara. Como en el primer juego, es estática al estilo de juegos como Final Fantasy y similares, y como éstos, presenta serias dudas. Porque a veces la cámara está colocada en lugares algo inadecuados, por lo que pelear o descubrir hacia adónde nos tenemos que dirigir se complica bastante. Cabe decir que estos casos son puntuales, y que en general hay que felicitar al equipo por cómo han aplicado una cámara estática a un juego de estas características sin resentirse casi nada la jugabilidad. God of War II, por tanto y a causa de esto que acabamos de comentar, tiene un desarrollo bastante lineal, algo que no afecta para nada a la valoración del juego porque al fin y al cabo de lo que se trata aquí es de ir superando todos los retos que se nos van presentando (por algo los desarrolladores se han esforzado en eso), y en ningún caso descubrir hacia donde tenemos que dirigirnos o vagar sin rumbo explorando el terreno. Acción, acción, acción.
No hace falta comentar demasiado más, salvo una banda sonora en la que dominan la épica y el necesario doblaje al castellano, y un manejo de Kratos muy parecido al de God of War II, intuitivo a más no poder y que mezcla sabiamente la táctica “aporreabotones” para acabar con los enemigos con la posibilidad de ejecutar combos especiales si queremos acabar con ellos antes, e incluso con momentos en los que tendremos que pulsar un botón concreto para aniquilarlos del todo. Esto es un ejemplo de la variedad que el juego se esfuerza en ofrecer, y consigue sin lugar a dudas. En todo caso insistir una vez más en que God of War II es un juego para disfrutar: con sus enemigos, su interesantísimo desarrollo, sus escenarios, su historia… Y pese a que su duración no sea excesiva, sí deja un sabor de boca realmente bueno, y unas ganas de más que por suerte se ven compensadas por la gran cantidad de extras que se desbloquean una vez terminado el juego por primera vez. Y es que uno no se cansa de Kratos ni a la segunda...

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