Los modos de juego de Smash Court Tennis 3 no nos van a sorprender: cara a cara, un modo carrera, un completo tutorial, un desafío en el que nos tocará afrontar los cinco torneos más importantes, un modo ad hoc y los ya imprescindibles minijuegos, esta vez con sabor retro. Combinan el tenis con clásicos del siglo pasado como Galaga, PacMan y Bomberman.
El terreno más interesante en que meternos será el ProTour, el modo carrera de toda la vida. Tendremos que crearnos un personaje desde cero al que iremos dotando de habilidades a medida que ganemos puntos en los torneos. También podremos cambiarnos el peinado, el uniforme, etc. Algunas de las modificaciones influirán en nuestro estilo de juego, otras serán meramente estéticas. Al principio estaremos en el fondo de la clasificación mundial, de manera que tendremos acceso limitado a los torneos. Con el tiempo y los sets ganados, podremos obtener invitaciones o, si subimos lo suficiente en el ranking, acceso directo a todos los torneos del calendario. Eso sí, deberemos dosificar nuestra actividad o el físico se resentirá.
El ProTour está organizado en semanas: en cada una de ellas tendremos que escoger si descansar, si entrar en un torneo o si entrenar. Los entrenamientos aumentan nuestras habilidades, y serán útiles para ahorrar además dinerillo o puntos tienda de manera rápida, aunque de donde sacaremos más mejoras, obviamente, es de los torneos. Lo normal en estos es que cada ronda se dispute al mejor de tres juegos (es decir, ganando dos pasamos) con una final más larga en función de su importancia.
Curiosamente, Smash Court Tennis 3 no es un prodigio técnico y también adolece de ciertas carencias en cuanto a la jugabilidad pero, aun así, no deja de ser un buen juego. Los gráficos son buenos para una portátil aunque ciertas animaciones están fuera de lugar: a veces parece que juguemos con patines, porque nuestro jugador no mueve las piernas sino que se desliza. El sonido cumple, pero si jugamos con nuestra propia música tampoco nos perderemos mucho...
Los controles, eso sí, son más realistas que en otros juegos del mismo deporte. Tenemos cuatro tipos de golpe: el cortado (X), con el que podremos hacer útiles dejadas, aunque peligrosas si se nos quedan cortas; el liftado (O), con el que deberemos vigilar que no se nos vaya largo; el globo (triángulo), al que recurrir sólo en ocasiones muy puntuales; y el plano (cuadrado), que nos costará dominar pero que seguramente acabará siendo nuestro golpe de cabecera. Con todos ellos, con los saques, con el pad para dirigir, etc. nos queda una grata sensación de control del juego. Golpeamos, y golpeamos donde queremos (cuando hayamos aprendido, claro...) Quizá lo menos realista sea la soberana imposibilidad de cruzar más determinados golpes.
Gráficos y sonido aparte, de lo que más peca este Smash Court es de una deficiente curva de dificultad: dame un año de ProTour y dominaré el mundo. Escalar hasta el top10 es cuestión de familiarizarse con los golpes avanzados, y hecho esto será prácticamente pan comido ganar. El mayor defecto será que más o menos dará igual a quién tengamos delante, si al 250º del mundo o a Roger Federer... o bueno, quizá debería decir Feliciano López, que al fin y al cabo casi siempre está en el número uno. Incluso dentro del mismo partido nuestro rival parecerá en algún momento un crack para luego dejar pasar pelotas relativamente fáciles.

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